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Una condecoración para encender los sueños

Vino sola, no estaba acompañada por algunos de sus hijos o al menos de un nieto. Aunque tiene 65 años y la música de su época se aleja del reggaetón, ella es una fiel admiradora de Maluma por ser inspiración para muchos de los jóvenes de su barrio que han soltado un arma para batallar con su voz.

Luz Marleny Cardona, habitante del barrio Aranjuez de Medellín, es testigo de los cambios que ha sufrido su sector. Aunque no tiene muchos recursos y no fue a una universidad, es una promotora de sueños.

No baila reggaetón, pero cree que este artista merece una condecoración por concientizar sobre temas sociales. Comenta que la canción “4 babys” de Maluma, no opaca la cantidad de temas de este artista que son interpretadas por más de 40 jóvenes que hacen parte de su escuela cultural y que ahora, ven allí una oportunidad de salir adelante.

Se ríe cuando le pregunto cómo llegó al acto de condecoración. Dice que ingresó cuatro horas antes afirmando que iba a hacer una “vueltica”. Quiere que en un futuro los jóvenes de su barrio que cantan música urbana también reciban un premio.

Vino sola, porque el pasaje no alcanzaba para tantos, sino gran parte de sus vecinos de Aranjuez hubiesen estado en la condecoración de Maluma. Se siente joven y aclara que de esta música aprende lo que debe hacer y lo que no: “solo se trata de tomar lo positivo y rechazar lo que crees que no te sirve”, sustenta.

Cuando la vi, estaba en medio de muchos niños que no tenían más de doce años, sin embargo, hablaba con ellos en la misma tónica. Se sabe todas las canciones y no dudó en decirme que quisiera que sus nietos se parecieran a él. “Yo no lo veo creído. Abandoné mis gustos por la música de planchar para seguir a Maluma, eso sí que es loco”, relató.

Al preguntarle por sus hijos, no habla mucho. La realidad de su barrio también la ha afectado y por eso, tiene grupos de baile, danza y canto para que la historia no se repita. Solo quería darle un abrazo al cantante y las gracias por cambiarle la vida. Aunque es de la era analógica, ella se adapta a cualquier cambio. Le quería llevar la sorpresa a sus familiares de que conoció a Maluma y así fue. Se puso la mejor pinta para agradecerle a Luis Pérez Gutiérrez por haberlo traído y aunque el tumulto de gente no se lo permitió, sí anotó el discurso que él dio.

Enseñó a personas que tenían como sueño conocer al cantante, pero la violencia se los llevó antes. Ocupó esa silla también por ellos, porque sabe que la cultura no depende solo de gustos, sino de los cambios sociales que pueda generar. Por eso, respalda la condecoración. Es como si muchos de esos jóvenes que se fueron la estuvieran recibiendo. Les prometió que les ayudaría a cumplir sus sueños y aunque algunos no alcanzaron, ella vino a cumplir la promesa.

No gana nada con hacerlo, y tampoco le interesa. Es feliz así no lo tenga todo y cree que cumple su propósito en la vida con promover la cultura. Sufre de la presión, pero se sintió con todas las energías para cantar algunas canciones durante el evento. En esta ocasión, ella no apoya que el reggaetón genere violencia; por el contrario, en su situación la curó. Por esto, estaba en primera fila, porque es una mujer rebelde que a nada le teme y a todo le busca la solución.

Dice que fue un día muy feliz. Cuando le pusieron la medalla a Maluma, vio a su hijo en ese escenario recibiendo una condecoración, a Carlos, el que se alejó de las drogas, a María, la que era habitante de calle, a Juan Gabriel que está en silla de ruedas y a todas las víctimas de la violencia que solo han encontrado la restauración a través de géneros musicales como el reggaetón.

Escrito por: Érica Yasmín Zapata Vásquez

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