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Goleador de batallas

Nunca pensó que por ir detrás del balón la vida le anotaría un gol definitivo. Entrenaba fútbol con sus compañeros de vecindad y de repente, un bus arrolló al pequeño de siete años que solo pensaba en ser el “Franco Armani” de aquel partido.

Juan Pablo Castrillón jugó por un mes un partido final entre la vida y la muerte, porque aquel accidente lo dejó en estado de coma y aunque las esperanzas que le daban los médicos a la familia de que el niño sobreviviera no eran muchas, la pasión por su Verdolaga lo ayudó a salir ganador.

Santa Cruz fue el barrio testigo del crecimiento de Juan Pablo. Un joven de 20 años y amante del Atlético Nacional que nunca se perdió un partido del equipo verde  de la montaña aunque tuviera que hacer unos “mandaditos de más” a su mamá para que lo llevara al estadio.

Su sueño era ser futbolista profesional y su familia no era indiferente a aquel ideal, porque en todo lo apoyaban e, incluso, lo animaban para que siguiera sus ideales al estar seguros de que por su espíritu luchador los lograría.

Su recuperación duró tres meses, sin embargo, en ese partido se perdieron varias capacidades, como hablar bien, caminar y defenderse por su propia cuenta. Pero algo permaneció intacto y fue el amor por su familia y su equipo de fútbol favorito.

Como todo jugador, se inventó una nueva técnica para ser el goleador de este nuevo enfrentamiento. Se convirtió en un poeta, porque se inspira en personas y situaciones para escribir unos cuantos versos, que alivian su alma y sorprenden a quien los lee.

Así como ocurre en el fútbol que de una batalla perdida se extraen estrategias para mejorar, Juan Pablo siguió jugando aunque con la mente, para hacerle “fuerza” al Nacional cada vez que protagoniza un evento. Estudia en un convenio de la Universidad Católica con la Alcaldía de Medellín y es uno de los mejores estudiantes.

Cuando el papá le dijo que la Gobernación de Antioquia condecoraría al “Rey de Copas”, este niño no paró de sonreír. El día que lo premiaron estaba en primera fila y fue uno de los protagonistas del evento.

Dice que así como tenía verde su vestuario, así llevaba su alma. Nacional es un goleador y Juan Pablo le da la talla. Sabe bastante sobre este deporte y aunque ahora cuatro llantas reemplazan sus pies, su inteligencia y táctica en la cancha aumentan con los días, porque lo que no puede hacer, lo mira, lee y escribe.

Cada vez que su familia lo lleva al estadio aplaude desde que llega. Estar allí, es para él ganancia. Todo el que lo conoce quiere aprender algo de su personalidad. A pesar de que ha perdido batallas, siempre sale ganador y las copas de oro que le faltan de forma tangible le sobran en admiración.

Su cuarto está lleno de afiches de Nacional, se sabe todas las canciones, no se pierde partido y aunque el balón le arrebató las capacidades físicas que muchos atesoran, la mente a él le da para más.

Piensa en Grande con el alma, porque está claro que no hay rival que le gane. Aunque su vida se quedó en la mitad de la cancha por el accidente, logró llegar a la portería y convertirse en un personaje histórico para todos aquellos que ven el fútbol desde la otra tribuna, no solo como hinchas sino como ejemplos de pasión.

Gobernación de Antioquia

Oficina de Comunicaciones

Medellín, Mayo 08 de 2017

Elaboró: Érica Yasmín Zapata Vásquez

Revisó: Jorge Alberto Velásquez

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