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Belén de Bajirá: un pueblo hecho a hacha y machete

"Pasen un destornillador, yo saco a estos pobres hombres de ese aparato", esas fueron las palabras que pronunció Rosa Elvira Terán cuando por primera vez llegó a Belén de Bajirá un radio. Pensaba que las personas que hablaban por ahí, estaban metidas entre los cables.

Cuando pisó este corregimiento con su hija de dos años y su esposo, no traía más que un costal con algunas semillas de plátano y "un par de calzones". Tenía 26 años y lo único que esperaba era iniciar una vida nueva, así fuera luchando a diario con los zancudos que no dejaban dormir y las culebras que se entraban a su casa hecha de maleza. Llegó en 1972 y recuerda que los primeros años de supervivencia se convirtieron en un verdadero desafío. No tenían agua potable para tomar y cuando de bañarse se trataba, debían ir a un charco cercano, lavar la ropa, juagarse " las greñas" y esperar escondida en el monte hasta que la ropa se le secara.

Su esposo trabajaba cultivando las semillas que habían traído cuando llegaron de Necoclí y lo que lograba producir se convertía en su plato de comida. En comprar ropa no pensaba y sabía que enfermarse era un " lujo" que no se podía dar.

Cuando le pregunto por la procedencia del nombre " Belén de Bajirá", cuenta que fue escogido a través de azar. Los dos primeros hombres que poblaron estas tierras fueron quienes lo bautizaron así, haciendo alusión a sus apellidos.

Cada árbol que hoy está sembrado representa a los 13.000 habitantes de este corregimiento. Los que iban poblando este lugar sabían que, además de traer la familia conformada, debían llegar con algunas semillas para cultivar.

Las actividades de ocio en Belén de Bajirá hace 42 años se basaban en mirar el sol esconderse o escuchar cantar a los pájaros. Pocos sabían lo que era un televisor, o radio, incluso el celular, hoy permanece desconocido para algunos.

Rosa Elvira afirma en medio de risas que Antioquia le ha dado todo lo que tiene, " hasta los calzones". El centro de salud, la placa deportiva, la escuela y el comercio aparecieron por obra y gracia del departamento y por estas ayudas, hoy sus diez hijos tienen un futuro diferente a solo cultivar plátano.

Aunque siempre ha sido una mujer creyente, su fe se veía afectada. No existía una iglesia para orar, pero Antioquia le cumplió el " milagrito". Al lado de su casa luce un templo grande en el que se congrega desde que le pusieron los primeros adobes.

Nunca pensó que por sus propios ojos podría ver que Belén de Bajirá se encendiera. Cuando le hablaban de que la luz llegaría, se reía. Decía que el día que eso pasara, ella ya estaría muchos metros bajo tierra, pero no fue así.

Su casa hoy luce diferente, está hecha de adobe y agua potable le sobra. Del terreno inhóspito que conoció, solo quedan las montañas. Se quiere quedar en Antioquia y no solo por elección, sino porque el agradecimiento es mayor. No la ligan los caprichos, sino varios años de admiración.

Escrito por: Érica Yasmín Zapata Vásquez
Revisó: Jorge Alberto Velásquez

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