Medellín, 17 de julio de 2026.

En la conmemoración de los 216 años de la Independencia de Colombia, Antioquia rendirá homenaje a uno de los hombres que mejor representó la frase “nada nos queda grande”. Gonzalo Mejía Trujillo será uno de los símbolos de esta celebración, porque entendió que la verdadera independencia se construye conectando territorios y abriendo caminos. 

Hay personas que heredan empresas. Otras que construyen edificios. Algunas que levantan industrias. Y la mayoría se dedica a sacar adelante a sus familias, en medio de las dificultades.  Pero pocas tienen la capacidad de cambiar el destino de una región.

Eso fue lo que hizo Gonzalo Mejía Trujillo.  

Antes de que existieran máquinas capaces de perforar montañas en el Occidente de Antioquia, hubo un hombre que imaginó un camino hacia Urabá, cuando la mayoría pensaba que era una locura. Mientras muchos —por no decir que todos— veían una cordillera llena de montañas, él veía una puerta hacia el desarrollo.

Así era Gonzalo Mejía Trujillo, un antioqueño convencido de que los sueños solo tienen sentido cuando se trabaja para hacerlos realidad.

Nació en Medellín en 1884, una época en la que Antioquia empezaba a consolidar su vocación empresarial. Su visión siempre estuvo mucho más allá del horizonte de su ciudad.  

A sus 20 años viajó por el mundo, conoció la transformación que vivían en ese entonces Europa y Estados Unidos y regresó cuatro años después, en 1908, con una certeza: Antioquia no podía quedarse encerrada entre montañas. Tenía que abrirse al mundo.  

Esa visión marcó su vida.

El empresario que abrió nuevos caminos

Fue pionero de la aviación colombiana al fundar entre 1920 y 1932, junto a Guillermo Echavarría Misas, la Compañía Colombiana de Navegación Aérea, la primera empresa de aviación y la pionera en proveer servicios de correo aéreo en América. Años después impulsó la UMCA (Urabá Medellín Central Airways), una aerolínea que conectó a Medellín y Urabá, a través de aviones Sikorsky S 38 con ruedas para aterrizar en Medellín, pero en forma de lancha para acuatizar en el Golfo de Urabá. Esta empresa lo convirtió en el primer gerente de Avianca.  

En su afán por abrir nuevas oportunidades, Gonzalo recorrió a caballo los cerros que rodean la ciudad de Medellín: el Pan de Azúcar, el camino a San Pedro de los Milagros y el alto de las Palmas, para encontrar el mejor lugar para construir, en ese entonces, el “Campo de Aviación Las Playas”, lo que hoy conocemos como el Aeropuerto Olaya Herrera.

Su visión de desarrollo no paró ahí. No solo ayudó a que los antioqueños volaran en aviones; también los invitó a recorrer nuevas historias desde la pantalla grande. Fundó la Compañía Filmadora de Medellín, impulsó la creación de Cine Colombia y promovió el Teatro Junín, proyectos que contribuyeron a la modernización del arte y la cultura en Medellín.

Su espíritu emprendedor también lo llevó a respaldar la creación del Hospital San Vicente de Paul, convencido de que el desarrollo económico debía ir acompañado del bienestar de su gente, de los antioqueños.  

Sin embargo, hubo un proyecto que marcó buena parte de su vida: conectar a Antioquia con su mar, con Urabá.

Antioquia tiene mar en Urabá 

Gonzalo comprendió que en Urabá estaba una de las mayores oportunidades para el futuro del departamento. Estaba convencido de que una salida al mar permitiría fortalecer el comercio, facilitar exportaciones, atraer inversión y abrir nuevas posibilidades de crecimiento para Antioquia y Colombia.

 Por eso convirtió esa vía en una de sus principales causas.  

El camino estuvo lleno de obstáculos. Durante años enfrentó dificultades económicas, resistencia política y el escepticismo de quienes consideraban “imposible” una obra de tal magnitud. Aun así, nunca abandonó la idea.

“La Vaca” de Gonzalo Mejía en 1920 para llegar al mar

Impulsó campañas, promovió el debate público y convocó a distintos sectores de la sociedad a respaldar el proyecto. De ese esfuerzo colectivo surgió una de las expresiones más representativas de la solidaridad antioqueña: “la vaca”, en ese entonces denominada “la recolecta”.

Empresarios, comerciantes, campesinos y familias enteras aportaron recursos para hacer realidad una obra que ellos también empezaron a considerar importante para el futuro del departamento. Hasta las mujeres de la alta sociedad donaron sus joyas y oro, que más que una forma de financiación, fue un símbolo de confianza en ese proyecto y un ejemplo de la unión de los antioqueños para sacar adelante grandes iniciativas.

Ese compromiso quedó registrado en una de las cartas que aún se conservan de Gonzalo Mejía, fechada el 15 de octubre de 1926, en la que escribió: “Recibí del Dr. Alberto Arango Jaramillo, un paquete de oro en polvo con doscientos cincuenta castellanos, que remitió la junta de Juventud Antioqueña Colombianista de Condoto, para ser invertidos en la Carretera al Mar”. Una muestra más del apoyo de la gente.

Esa carta original, escrita por Gonzalo Mejía Trujillo, hará parte de la conmemoración del 20 de Julio como una de las piezas históricas más representativas de la celebración. El documento, conservado durante un siglo, recuerda el origen de una de las primeras "vacas" de los antioqueños y simboliza el compromiso colectivo que hizo posible comenzar a construir el camino hacia el mar.

La Nueva Vía al Mar Gonzalo Mejía Trujillo – Túnel del Toyo

El 22 de marzo de 1926, la Asamblea Departamental aprobó las ordenanzas que permitieron crear la empresa encargada de dirigir los estudios y la construcción de la vía. Gonzalo Mejía se convirtió en el gerente de esa empresa, cargo desde donde gestionó estudios de ingeniería, buscó apoyo técnico internacional y dedicó todos sus esfuerzos en convertir esa obra en realidad.

El 1 de junio de ese mismo año, a las nueve de la mañana, Medellín fue escenario de una ceremonia que marcaría un antes y un después en la historia de Antioquia. Mandatarios locales y nacionales, autoridades civiles, empresarios y cientos de ciudadanos acompañaron el primer barreteo de la Carretera al Mar. Medellín ese día se vistió de fiesta, eso incluyó carteles en cada esquina para que todos los ciudadanos fueran testigos del momento histórico que estaban a punto de vivir.

Durante esa ceremonia, que inició entonando los himnos de Colombia, de Antioquia y el himno de la Carretera al Mar, Gonzalo dio el discurso de apertura en el que mencionó la importancia de esa obra de infraestructura para el departamento y el país: “La Carretera al Mar hará de Colombia — porque Antioquia en su dinamismo aumenta el caudal vigoroso del alma colombiana — un país tan próspero y dichoso como el más próspero de toda América”.  

Finalizó su intervención invitando a los asistentes a realizar un juramento por la honra de Antioquia: “Juramos todos no cejar en nuestro esfuerzo, no tener paz ni sosiego, considerarnos deshonrados, si no coronamos la obra de la Carretera al Mar”. Desde entonces empezó el sueño por conquistar Urabá.  

En 1955, un año antes de fallecer, Gonzalo pudo ver materializado uno de sus propósitos de vida. El 28 de enero de ese año se inauguró la primera parte de la carretera Medellín – Turbo.

Hoy, luego de 71 años, su legado es una realidad.  

La vía que conecta a Antioquia con su mar de Urabá y que, en honor a su incansable lucha, lleva su nombre, recuerda el camino que por varias décadas Antioquia supo recorrer.  

La Nueva Vía al Mar Gonzalo Mejía Trujillo, la obra de infraestructura más importante del departamento, demuestra que las grandes transformaciones requieren visión y perseverancia.  

El Gobernador Andrés Julián asumió el compromiso de sacar adelante esta infraestructura estratégica, convencido, como don Gonzalo Mejía, que conectar el departamento con Urabá es una decisión estratégica por el desarrollo económico, la competitividad y la calidad de vida de los antioqueños.  

El anhelo de Gonzalo Mejía confirma que las grandes ideas pueden transformar un territorio cuando hay personas dispuestas a hacerlas realidad y, por supuesto, como inició esta historia, con personas capaces de seguir “fabricando sueños”.  

Por eso, en esta conmemoración del 20 de Julio, Gonzalo Mejía Trujillo representa mucho más que un personaje de la historia antioqueña. Representa el valor de quienes se atreven a luchar por las causas perdidas, la capacidad de trabajar por un propósito común y la convicción de que la independencia también se construye con obras transformadoras.